Considero que la Inteligencia Emocional (IE) es una capacidad humana que se debe trabajar como un músculo, de forma continua, con disciplina y voluntad. Además, su desarrollo genera habilidades muy enriquecedoras para el ser y para nuestro prójimo, trabajando el autoconocimiento, la conciencia propia, la motivación, el control emocional, la empatía y las destrezas sociales. Ser emocionalmente inteligente supone una serie de beneficios para vivir de una manera más armónica y equilibrada. En este sentido, creo que el desarrollo y aplicación de la IE en el ejercicio del profesional de la salud, es fundamental. La atención no se debería centrar únicamente en la práctica de diagnosticar según signos y síntomas del paciente, y en la enseñanza de modelos o protocolos correctos de tratamientos, sino que además se debería focalizar en los sentimientos y emociones, trabajando y utilizando destrezas y habilidades sociales para mejorar la comunicación, permitiendo conectarse y relacionarse con el paciente de una manera más asertiva y empática. Es decir se trata de comprender el comportamiento del paciente desde el punto de vista de las emociones y no sólo de las conductas, respetando sus propias opiniones y necesidades y viceversa; también se busca enseñar una forma inteligente de sentir, desarrollando la consciencia emocional, brindando estrategias positivas para el autoconocimiento, regulando las emociones y reestructurando el comportamiento, permitiendo que el paciente sea proactivo, creativo, autónomo y resiliente, capaz de aceptar y superar los obstáculos que van surgiendo durante la vida. Dicha capacidad está íntimamente ligada a la autoestima y la confianza en uno mismo, fundamentales para enfrentar de una forma positiva las situaciones dolorosas.
Por otro lado, al hablar de IE, se me ocurre relacionarla con los cuatro acuerdos del chamán tolteca, escrito por Miguel Ruiz, en su u libro “Los Cuatro Acuerdos, los cuales considero básicos y fundamentales para vivir de una manera solidaria y respetuosa con uno mismo y con los demás (1. Se impecable con tus palabras. 2. No te tomes nada personal. 3. No hagas suposiciones. 4. Haz siempre lo máximo que puedas). Es muy interesante, ya que en cuatro puntos podemos resumir aspectos fundamentales para entrenar las habilidades sociales, imprescindible para alcanzar un modelo asertivo de relación profesional de la salud-paciente, estar presentes de forma respetuosa, con escucha activa y empatía.
Para concluir, me gustaría decir que no debemos olvidar que la salud es un derecho y no una obligación, y como decía Milton Ericsson, la relación médico paciente es una colaboración entre dos expertos: el médico, que es experto en el conocimiento de su ciencia, y el paciente, que es un experto en sí mismo.[1]
[1]Robles T. Concierto para cuatro cerebros en psicoterapia. México: Alom; 1990. p. 223.
