La inflamación puede definirse como una respuesta local al daño celular, que se caracteriza por aumento del flujo sanguíneo, vasodilatación capilar, infiltración de leucocitos y la producción local de mediadores de inflamación por parte del huésped. La inflamación es parte de la respuesta y es necesario el retorno a la homeostasis luego del daño producido por un agente infeccioso, daño físico o estrés metabólico. Al no resolverse completamente la inflamación o por la persistencia del estímulo que dispara la respuesta, el proceso inflamatorio puede hacerse crónico (An Venez, 2014). Aunque la causa, localización y resultados clínicos de un proceso inflamatorio pueden ser muy diferentes y variados, las células y mediadores involucrados son parecidos. La mayoría de las respuestas inflamatorias involucran citoquinas (TNF-α, IL-1b, IL-6, IFN-γ, quimioquinas (IL-8, MCP-1), eicosanoides (PGE2, leucotrienos) y metaloproteinasas de matriz. El incremento de estos mediadores amplifica el proceso inflamatorio, atrayendo más células inflamatorias para producir la destrucción del patógeno (González-Costa M. y González, A., 2019). Es importante mantener un balance entre la inflamación y la anti-inflamación. (Caballero-Gutiérrez L, Gonzáles GF, 2016).
Existen muchos factores desencadenantes de la inflamación: la alimentación, el estrés, las emociones, las infecciones (disbiosis de la microbiota), la contaminación ambiental, cigarrillo, alcohol, sedentarismo, etc.
Existen dos tipos de INFLAMACIÓN:
AGUDA (sirve para tacar a los invasores externos de forma rápida, por ejemplo cuando nos hacemos un corte, se pone roja la zona lastimada y genera temperatura por lo general.
CRÓNICA o DE BAJO GRADO: es la más persistente, provocando desequilibrio en nuestro sistema inmunológico; no muestra sintomatología específica y ataca lentamente a nuestro cuerpo. Es la responsable de que gran parte de la población se encuentre metabólicamente enferma y más vulnerable a enfermedades silenciosas, tales como las autoinmunes, la obesidad y el síndrome metabólico, el cáncer y la diabetes 2, fibromialgia, etc.
Existe evidencia de que los procesos inflamatorios son modulables ante la ingesta regular de alimentos y dietas ricas en fitoquímicos de probado efecto antiinflamatorio. Se ha documentado por ejemplo el efecto de los ácidos grasos poliinsaturados tipo ácido docosahexaenoico (DHA), ácido eicosapentaenoico (EPA), y ácido araquidónico (AA) en la síntesis de prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos anti y proinflamatorios, en los que alcanza una enorme relevancia metabólica el equilibrio que debe darse entre estos 3 ácidos grasos; si predomina AA, la situación proinflamatoria predomina. Estudios en pacientes de alto riesgo y dietas con alto contenido de frutas, vegetales y granos enteros, suplementadas con aceites ricos en EPA, pueden reducir significativamente la producción de biomarcadores inflamatorios (Pinazo MD, BL., 2012).
Es decir Existe ciertas sustancias, llamadas ecosanoides, de las cuales derivan otras sustancias (citoquinas, tromboxanos, leucotrienos, prostaglandinas, etc.), que tiene efectos pro y antiinflamatorios, dependiendo de la relación que existe entre 2 ácidos grasos: (linoleico – omega 6, linolénico – omega 3). Cuanto más omega 6 tengan nuestras células, más ecosanoides INFLAMATORIOS se producirán, y cuando más contenido de omega 3, más efecto ANTIINFLAMATORIO habrá. Por lo tanto el equilibrio de estos dos ácidos grasos es clave para una respuesta inflamatorio controlada y eficaz. Ambos compiten por el mismo sitio en las membranas de nuestras células. Se necesita una relación equilibrada en ambos aceites para mantener una buena salud.
Referencia bibliográfica:
- Caballero-Gutiérrez L, Gonzáles GF. Alimentos con efecto antiinflamatorio. Acta Med Peru. 2016;33(1):50-64.
- García-Casal, Maria Nieves; Pons-Garcia, Héctor E. 2014 Dieta e inflamación An. venez. nutr ; 27(1): 47-56.
- GONZALEZ-COSTA, Maricarmen y GONZALEZ, Alexander Ariel Padrón. La inflamación desde una perspectiva inmunológica: desafío a la Medicina en el siglo XXl. Rev haban cienc méd [online]. 2019, vol.18, n.1, pp.30-44. ISSN 1729-519X.
- Pinazo MD, Boscá L.2012 Propiedades antiinflamatorias de los ácidos grasos poliinsaturados omega-3. Indicaciones en oftalmología. Arch Soc Esp Oftalmol. 87(7):203-5.
